Apenas vio la imagen… Danika comenzó a colapsar.
Su pecho se agitó con fuerza. Los ojos se le abrieron con desesperación y un acceso de tos la sacudió por completo. El monitor cardíaco empezó a marcar irregularidades, y su piel, ya pálida, perdió aún más color. Olimpia se acercó de inmediato, aterrada, sujetándola por los hombros mientras las lágrimas le recorrían el rostro.
—¡Nika! ¡Danika! —gritaba con desesperación—. ¡No me hagas esto, por favor!
Pero Danika ya no respondía. Sus ojos se cerr