Peligrosamente Libre.
Mariana seguía inmóvil en el borde de la litera, con la vista perdida en la pequeña ventana enrejada de la celda. Los días en prisión siempre tenían la misma monotonía: silenciosos, interminables y cargados de pesadumbre. Sin embargo, aquella mañana había algo distinto en el ambiente.
La figura de una guardia se asomó frente a las rejas.
—Tienes visita.
Era inusual que alguien llegara a esa hora tan temprano. Su abogado acostumbraba visitarla por las tardes, y su madre, en las pocas ocasiones e