Privacidad Absoluta.
La mañana de su liberación llegó envuelta en un cielo gris y un silencio abrumador, como si el mundo mismo estuviera conteniendo la respiración en anticipación.
Mariana estaba sentada sobre la litera de su celda, contemplando la pequeña bolsa de sus pertenencias que descansaba junto a sus pies. Todo lo que le quedaba de su antigua vida cabía ahí dentro, un recordatorio tangible de lo que había sido y de lo que había perdido.
Un par de prendas desgastadas, documentos que una vez fueron importa