La Suavidad Del Veneno.
—Hace años que nadie me compra algo —murmuró con una leve sonrisa—. Ni siquiera algo tan simple.
Edward desvió la mirada por un momento.
—No es importante —dijo, restándole importancia.
—Para mí sí. Gracias, Edward —respondió ella en un tono casi imperceptible.
Era la primera vez que pronunciaba su nombre sin distancia ni formalidad. No “licenciado”. No “señor Mackenzie”.
Con delicadeza, abrió el estuche. Sus dedos tocaron los objetos como si cada uno tuviera un significado especial, con una at