La Grieta Silenciosa.
La tarde se deslizaba serenamente sobre la mansión Chevalier mientras el sol poniente proyectaba su cálida luz anaranjada a través de los ventanales del salón principal. Los muebles adquirían un tinte melancólico bajo el resplandor, y el silencio envolvía cada rincón de la casa. Solo el repiqueteo suave de la lluvia contra los cristales osaba interrumpir aquella quietud.
Kate estaba sentada en la sala de lectura, con un libro abierto entre las manos que llevaba varios minutos sin leer realmente