El Juego Psicológico.
Después de visitar a Mariana, Edward Mackenzie llegó a su apartamento mucho después del anochecer.
El tintineo de las llaves al caer sobre la encimera quebró el silencio que dominaba el espacio. Desabrochó el nudo de la corbata mientras atravesaba la sala, tenuemente iluminada. Todo estaba exactamente igual que siempre: impecable, ordenado, vacío.
Y aun así, esa noche algo se sentía distinto.
Dejó el saco sobre el respaldo del sofá y se sirvió un vaso de whisky. Apenas lo llevó a los labios, pe