Traicionada por mi esposo, reclamada por su hermano el mafio
Traicionada por mi esposo, reclamada por su hermano el mafio
Por: Mia Blair
Capítulo 1: El precio de un adiós

 

El aroma a gardenias frescas inundaba el ático de los Miller. Isabella había pasado la tarde preparando la cena de su segundo aniversario: el vino exacto que a Max le gustaba, el vestido de seda roja que él alguna vez elogió. Todo estaba listo para celebrar el amor, o al menos, el simulacro de amor que ella creía tener.

Cuando la puerta principal se abrió, el sonido de los pasos de Max no traía la calidez del esposo que regresa a casa, sino la pesadez de una sentencia judicial.

—Llegas temprano —dijo Isabella con una sonrisa que se congeló al ver el rostro de su marido.

Max no se quitó el saco. Ni siquiera la miró a los ojos. Caminó directo a la mesa de mármol y arrojó un sobre grueso sobre el mantel impecable.

—Fírmalos, Isabella. No hagamos esto más difícil de lo que ya es.

Isabella sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Se acercó lentamente, rozando el sobre con las yemas de los dedos.

—¿Qué es esto, Max? Es nuestro aniversario.

—Es el final —respondió él, su voz era un témpano de hielo—. Quiero el divorcio. He adjuntado una compensación económica generosa por estos dos años. Es más de lo que podrías ganar en diez vidas. Tómalo como un agradecimiento por... los servicios prestados.

Isabella soltó una risa seca, carente de alegría.

—¿Servicios prestados? Soy tu esposa, Max. No una empleada. ¿A qué viene esto de repente?

Max finalmente levantó la vista, pero no había rastro de culpa en ella. Solo una impaciencia cruel.

—Briana está embarazada.

El mundo de Isabella se detuvo. El nombre de su mejor amiga golpeó sus oídos como un disparo.

—¿Briana? —susurró.

—Ella espera un hijo mío —continuó Max, ajustándose los puños de la camisa con una indiferencia que quemaba—. No voy a permitir que mi primogénito nazca fuera del matrimonio. No dejaré que sea un bastardo. Ella necesita mi apellido, mi protección... y tú ya no tienes lugar en esta casa.

Isabella instintivamente llevó su mano a su vientre, aún plano, donde un secreto latía con fuerza. Nuestro hijo también merece un apellido, Max, pensó, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Miró al hombre frente a ella y, por primera vez, no vio al hombre del que se enamoró, sino a un extraño despreciable.

—Entiendo —dijo ella, con una calma que pareció sorprenderlo—. No te preocupes por la compensación. No quiero tu dinero manchado de traición. Me iré ahora mismo.

—Isabella, no seas dramática. Es una fortuna...

—Quédatela —lo cortó ella, dándose la vuelta—. Úsala para comprarle una conciencia a Briana. Yo no me llevo nada de aquí que no me pertenezca.

Subió las escaleras sin mirar atrás. En menos de diez minutos, Isabella salió de la mansión con nada más que su bolso y su teléfono. No derramó una sola lágrima frente a él. Al cruzar el umbral, la lluvia de la ciudad comenzó a caer, empapando su vestido de seda roja.

Caminó hasta la esquina, donde las luces de la ciudad se reflejaban en los charcos como oro sucio. Sacó su teléfono y marcó un número que juró nunca usar. Un número que Max le había prohibido estrictamente tener en su agenda.

El tono de llamada sonó tres veces antes de que una voz profunda, ronca y cargada de una autoridad peligrosa respondiera.

—¿Hola?

—Soy yo —dijo Isabella, su voz firme a pesar del frío—. Max acaba de echarme. Se va a casar con Briana.

Hubo un silencio tenso al otro lado de la línea. Podía escuchar el sonido de un encendedor de metal abriéndose y cerrándose.

—¿Y qué esperas que haga yo, Isabella? Sabes que mi relación con mi hermano no es... cordial.

—Dijiste que si alguna vez necesitaba desaparecer o volver a nacer, te buscara —respondió ella, mirando hacia la silueta de la mansión Miller que dejaba atrás—. Necesito protección. No solo para mí. Estoy embarazada, y Max no puede saberlo. Nunca.

Se escuchó una risa baja y oscura al otro lado del teléfono, una que le erizó la piel.

—Vaya, vaya... Así que el "Rey de los Negocios" cometió el error más grande de su vida. Ven al punto de encuentro de siempre. Te enviaré un coche en cinco minutos.

—¿Por qué me ayudas? —preguntó ella antes de colgar.

—Porque Max siempre se queda con lo que cree que merece —respondió el hombre con un tono depredador—, pero yo siempre me quedo con lo que realmente vale la pena. Prepárate, Isabella. A partir de hoy, dejas de ser una víctima para convertirte en mi reina.

Isabella colgó. El coche negro de cristales tintados dobló la esquina segundos después. Ella subió sin mirar atrás, sabiendo que acababa de entrar en la guarida de un lobo para escapar de un perro, pero esta vez, ella sería quien enseñara los colmillos.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP