Mundo ficciónIniciar sesiónEl olor a antiséptico y el pitido rítmico de los monitores eran los únicos habitantes de la habitación privada del hospital. Isabella no se había movido de la silla junto a la cama de Gabriel en las últimas seis horas. Tenía la mirada fija en el vendaje blanco que cubría el hombro de su esposo, ahora limpio de la sangre que horas antes había empapado sus propias ma







