El alta hospitalaria de Gabriel había sido un ejercicio de terquedad absoluta. Contra el consejo de los cirujanos y las protestas de Lucas, Gabriel se había puesto su chaqueta sobre el hombro vendado apenas cuarenta y ocho horas después del tiroteo. La necesidad de estar cerca de Isabella, de protegerla en la seguridad de su mansión, era una fuerza más potente que cualquier antibiótico o calmante.
—Señor, el médico dijo que al menos debía quedarse hasta mañana —insistió Lucas mientras el auto b