Lia se giró lentamente y sonrió al ver a Paula completamente destrozada. Las lágrimas corrían por sus mejillas llevándose el maquillaje mientras observaba a Giorgio todavía abrazado a Lia que acababa de irrumpir en su boda.
—¡No puedes venir a interrumpir mi boda! ¡Él es mi novio! ¡Yo soy su mujer!
Lia arqueó apenas una ceja.
—¿No me digas?
Paulino, dominado por la desesperación, dio un paso al frente intentando recuperar el control de la situación.
—¡Giorgio Bellamonte! ¡Debes cumplir el contra