A la mañana siguiente los dos bajaron juntos al comedor. El ambiente ya no era tan tenso como días atrás y, aunque todavía existía cierta timidez entre ambos, el desayuno transcurrió con una tranquilidad que Lia comenzaba a extrañar. Giorgio sirvió una taza de café para él y acomodó frente a ella un plato con frutas, huevos revueltos y pan integral, vigilando discretamente que no dejara nada sin comer.
—Mañana tienes control con el obstetra. Debemos estar en la clínica a las diez de la mañana.