La mañana transcurría con una calma casi inquietante dentro de la mansión Bellamonte.
Después de salir del despacho de Giorgio, Lia fue conducida hasta la oficina donde, desde ese mismo día, comenzaría a trabajar como Donna de la organización. Era un amplio despacho conectado con el área administrativa de la mansión, donde decenas de secretarios, analistas y asistentes entraban y salían constantemente llevando documentos, contratos y reportes de las distintas operaciones.
Al cruzar la puerta, la