Capítulo 11
No quería verlos más.

No quería respirar el mismo aire que ellos.

Así que di media vuelta y salí de la mazmorra sin mirar atrás.

Gael me siguió en silencio.

Cuando mis piernas ya no pudieron sostener el peso de tanto dolor,

me desplomé y solté un llanto seco, silencioso, de esos que queman por dentro.

Él dudó por un segundo.

Pero terminó rodeándome con sus brazos,

acariciándome la espalda con una ternura que desarmaba.

***

Cuando al fin pude calmarme, me di cuenta de lo íntima que era la escena.
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