Capítulo 10
Gael se detuvo un segundo mientras me acomodaba la manta.

Sus ojos, cálidos y pacientes, se clavaron en los míos.

—Pensé que ya te habías dado cuenta —dijo con una media sonrisa—.

Regina… tú no eres tonta.

¿Cómo no ibas a notar que me gustas?

Me quedé en blanco.

Claro que lo había sospechado.

Pero no… no pensé que se atreviera a decirlo tan directamente.

—¿Gustarte… yo? —balbuceé—. Soy una mujer divorciada, sin alma de loba.

Tú eres el Alfa de la manada Luna Negra. No somos iguales…

No lo dije e
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