El video comenzó sin música, sin cortes.
Solo una toma directa.
Allí estaba Victoria, la misma mujer que en público decía estar débil por el acónito,
sentada en un sofá, con una copa de vino en una mano y un cigarro en la otra.
Frente a ella, mis padres.
Jesús Vázquez y Natalia Gómez, sonrientes, orgullosos, como si hubieran ganado una batalla sin ensuciarse las manos.
Natalia contaba dinero con entusiasmo:
—Nuestra hija es una genia. Fingió lo del acónito y ese tonto de Daniel se lo creyó todo.