A la mañana siguiente, Oliver despertó muy temprano como de costumbre. Estaba descansado, se sentía mejor que en días y es que usualmente solía despertarlo el llanto del bebé al menos dos veces cada noche, mismas en que acudía a ayudar a Emma con él. Fue entonces que reparo en que ya había amanecido y no había oído nada, más lo atribuyó solo al cansancio. Creyó que había caído en un sueño tan profundo que no escucho nada y por eso mismo no se preocupó, tomándose su tiempo para alistarse.
Una ve