Su traspié dio a Emma la oportunidad de continuar minando su confianza. Debía aprovechar esa mínima ventaja y volver toda la situación en su contra o estarían perdidos.
—Escupirá en tu rostro, al igual que el mundo entero cuando se sepa la atrocidad que has cometido con nosotros —le advirtió de forma cruda.
Al escucharla, Barbara comenzó a reír a carcajadas.
—Eso no me importa ya, ¿sabes por qué? Porque su castigo será aún peor que el mío, no te matare. Ustedes vivieran el resto de sus vidas sa