Por la tarde y una vez ambos regresaron de la oficina, Emma se dispuso a hacer lo que necesitaba.
Luisa estaba regando las plantas en el invernadero, cuando se le acerco.
—¿Puedo hablarle un momento señora? —le preguntó, parándose a su lado ante las margaritas en flor.
—Claro, ayúdame a regar y yo te escuchare —accedió con su habitual sonrisa, mientras le entregaba una regadera llena de agua.
—Es algo importante —reconoció, pues necesitaba que le brindará de toda su atención; después de todo est