CAPÍTULO 18
Cuando Román abrió los ojos, fue un impacto inmediato, no sabía cómo reaccionar, incluso llegué a creer que quizás estaba en un sueño, pero cuando empezó a hacer ruidos con la garganta entendí que sí era real y que estaba despierto.
Grité con todas las fuerzas de mis pulmones y mi garganta, llamando a Irma y a cualquiera que pudiera escucharme. Él me miraba confundido, con los ojos entreabiertos, mirando alrededor intentando reconocer dónde se encontraba.
—¿Eres… tú? —susurró—. Mi hada… la que estuvo conmigo… hablándome
Me tomó de la mano con una fuerza débil y temblorosa, le pedí que intentara respirar lento y que se calmara, Irma entró corriendo. Al verlo despierto, se llevó las manos a la boca, incredula y empezó a llorar.
—¡Hijo! ¡Mi hijo! —gritó mientras lo abrazaba con cuidado—. Estás despierto… estás aquí…
Yo me hice a un lado para darles espacio. El médico llegó casi de inmediato. Revisó sus signos vitales, tocó sus músculos rígidos, le habló despacio. Román esta