CAPITULO 17
Me separé de él como pude y le pedí que se fuera. Le dije que no necesitaba robarse nada, que yo misma le regalaría los obsequios.
—Le diré a todos que te los entregue, confío en las obras que haces.
Pero negó con la cabeza.
—No puedes —dijo—. La élite jamás te lo perdonaría. Para ellos soy peor que la peste. Si saben que me ayudaste, te rechazaran.
Me tomó por la cintura y me guió hasta la silla junto al tocador, Me empujó con cuidado para que me sentara. Antes de que pudiera entender lo que pasaba, ató mis manos con una cinta gruesa. Me quedé inmóvil
—¿Qué estás haciendo? —pregunté nerviosa.
No contestó, se inclinó hacia mí y me besó de nuevo. Esta vez fue más intenso, mucho más pasional, Me atrapó por completo. Cuando bajó sus labios a mi cuello, gemí sin poder evitarlo.
Me asusté de mí misma. Solo Kaleb me provocaba ese tipo de reacciónes. Me sentía confundida, vulnerable. Como si estuviera fuera de mi propio cuerpo.
—Hazme el amor… —susurré sin pensar.
Apenas dije es