CAPITULO 17
Me separé de él como pude y le pedí que se fuera. Le dije que no necesitaba robarse nada, que yo misma le regalaría los obsequios.
—Le diré a todos que te los entregue, confío en las obras que haces.
Pero negó con la cabeza.
—No puedes —dijo—. La élite jamás te lo perdonaría. Para ellos soy peor que la peste. Si saben que me ayudaste, te rechazaran.
Me tomó por la cintura y me guió hasta la silla junto al tocador, Me empujó con cuidado para que me sentara. Antes de que pudiera ente