CAPÍTULO 25
Llegamos al hospital de la manada casi corriendo. Apenas bajamos a Irma, los médicos la llevaron a una sala de urgencias sin dejarnos pasar. Me quedé parada en el pasillo, temblando, mientras un enfermero cerraba la puerta.
—¿Cómo está? —le pregunté al doctor apenas salió.
—Delicada —respondió sin agregar nada más.
Esa era la única palabra que repetía cada vez que le preguntaba, "Delicada" Sentí un vacío en el estómago. Irma no era solo la madre de Román; también era mi apoyo, la loba que me había dado un lugar cuando nadie más lo hizo.
Román intentó acercarse a mí varias veces, quería explicarse por lo que vi.
—Ariadna, déjame explicarte… —dijo muy nervioso
Pero yo no quería escucharlo, No tenía fuerzas para enfrentar sus excusa, además por qué yo también había fallado, yo también tenía que explicarle lo que había hecho.
Aparté la mirada y salí al jardín del hospital. Necesitaba aire, algo que calmara el temblor de mis manos que parecían de gelatina.
Pero Román salió detr