CAPÍTULO 25
Llegamos al hospital de la manada casi corriendo. Apenas bajamos a Irma, los médicos la llevaron a una sala de urgencias sin dejarnos pasar. Me quedé parada en el pasillo, temblando, mientras un enfermero cerraba la puerta.
—¿Cómo está? —le pregunté al doctor apenas salió.
—Delicada —respondió sin agregar nada más.
Esa era la única palabra que repetía cada vez que le preguntaba, "Delicada" Sentí un vacío en el estómago. Irma no era solo la madre de Román; también era mi apoyo, la lo