—¿Peleaste con él? —insistí.
No lo negó. Simplemente se encogió de hombros.
—No iba a dejarlo entrar. No después de lo que nos hizo. No después de cómo te mintió todos estos años.
Suspiré. Sentía el cuerpo pesado, pero aún así necesitaba hablar con el.
—Kaleb… nuestro destino ya no existe —le dije—. Quizás deberías pensar en otra loba. Yo ya sé lo de Cristal… y no quiero arrastrarte a mis problemas.
Él levantó la cabeza y negó de inmediato.
—No me importa Cristal —dijo sin dudar—. No me importa