—¿Peleaste con él? —insistí.
No lo negó. Simplemente se encogió de hombros.
—No iba a dejarlo entrar. No después de lo que nos hizo. No después de cómo te mintió todos estos años.
Suspiré. Sentía el cuerpo pesado, pero aún así necesitaba hablar con el.
—Kaleb… nuestro destino ya no existe —le dije—. Quizás deberías pensar en otra loba. Yo ya sé lo de Cristal… y no quiero arrastrarte a mis problemas.
Él levantó la cabeza y negó de inmediato.
—No me importa Cristal —dijo sin dudar—. No me importa nadie. Solo me importas tu, porque te amo. Y si eso significa vivir solo toda mi vida, lo acepto, Pero jamás miraré a otra loba.
Me quedé sin palabras. Había algo en su voz que me llegó al alma.
Kaleb tomó mi mano con cuidado, siempre era delicado, era su muñeca y no quería lastimarme.
—Los dos sabemos que nos amamos —añadió—. Puedes negarlo todo lo que quieras, pero lo que sentimos no desaparece porque tú decidas ignorarlo.
Me besó, un beso intenso y lleno de amor y deseo.
Kaleb deslizó su man