Capítulo 84
El médico revisó a Hades con rapidez. Su rostro estaba serio, y supe que algo malo le pasaba.
Me pidió que me quedara a su lado mientras enviaban a buscar a la bruja de la manada.
Hades respiraba como si le faltara aire. Cada inhalación era un esfuerzo, un sonido entrecortado que me ponía los nervios de punta. Tenía la piel fría y sus manos temblaban.
Mi loba empezó a inquietarse dentro de mí. Se movía como un animal encerrado, golpeando contra mi pecho, empujando mis costillas, exigiendo salir.
“Vámonos. No podemos verlo así. Lo quiero cerca. El es mi destinado.”
Sus gritos fueron tan fuertes que sentí un ardor en la espalda y supe que mis garras internas me habían rasguñado por dentro.
Me llevé la mano al lugar del dolor, respirando con dificultad, intenté controlarla, pero ella seguía empujando, desesperada.
—Cálmate… —susurré casi sin voz.
Pero no se calmó.
La bruja de la manada llego finalmente. Era una loba mayor, de mirada firme, se quedó mirándome y se dió cuenta