Eloísa abrió la puerta de su apartamento con la misma mezcla de vergüenza y alivio que sintió cuando volvió a su cuerpo, todavía estaba procesando el hecho de que técnicamente había muerto, aunque sea por error administrativo y que ahora tenía que convivir una semana con el hijo de la Parca para evitar que su alma “caducara”.
—Bueno… este es mi hogar,—murmuró, encendiendo la luz.
Sebastián observó a su alrededor el apartamento era cálido, con muebles funcionales, lo único que desentonaba