Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa lluvia golpeaba los ventanales del despacho como si quisiera irrumpir en la conversación que acababa de iniciar. Alejandro estaba sentado en su sillón de cuero, con la mirada fija en un punto indeterminado del suelo, los puños cerrados, el ceño fruncido. Elena permanecía de pie frente a él, con la mandíbula tensa y las manos entrelazadas para no temblar.
-No hay otra opción -dijo Alejandro finalmente, con voz ronca. Era como si cada palabra le costara un pedazo de sí mismo-. Esteban n






