CAPÍTULO 19
Y por fin llega el lunes. El cielo de Nueva York amaneció de un gris que puedo decir que va perfecto con mi estado de ánimo. Mis pasos hacia la empresa se sienten mecánicos, pesados, como si cada centímetro me acercara más al piso donde está ella. Debo admitir que no he podido dormir más de unas pocas horas seguidas en todo el fin de semana; cada vez que cerraba los ojos sentía la presión de la mano de Amy en mi cuello o escuchaba su profunda voz dictándome su estúpida y absurda "P