CAPÍTULO 18
Suba su otra mano a mi rostro, obligándome a mirarla. El azul de sus ojos es ahora un océano profundo de intenciones oscuras.
—A esto me refiero con que no soy normal. Mis manos no solo acarician, Camila: mis manos reclaman. Mi afecto es una forma de control. Si decides dar un paso más en este apartamento, si decides que quieres ser más que mi secretaria, debes aceptar que tu voluntad dejará de ser tuya. Me entregarás tus decisiones, tus deseos y hasta tu respiración.
Me quedo pet