—Entonces… — susurra pensativa, mientras lleno mi copa de vino pasando de su mirada preocupada —. ¿Vas a quedarte toda la noche bebiendo como una tonta?
—No, solo hasta que él — señalo mi pecho en dirección a mi corazón —, esté lo suficientemente adormecido como para no sentir nada y poder irme a casa.
—En ese caso, te saldrán raíces sentada a la espera de que eso pase— suspira y alza su copa para beber un trago.
De fondo suena un replay de jazz instrumental y el bar al que he venido por años,