Capítulo 90. El Refugio de Bastian
El sabor amargo de la bilis fue lo único que Eleanor conoció durante las últimas dos horas. Arrodillada frente al inodoro de mármol frío, sintió cómo una nueva oleada de náuseas sacudía su cuerpo, dejándola sin aliento. Sus dedos, pálidos y temblorosos, se aferraban al borde de la porcelana como si fuera lo único sólido en un mundo que acababa de desmoronarse.
Se incorporó con dificultad, sintiendo un mareo punzante que la obligó a apoyarse en la pared. Se lavó la boca con agua helada, intenta