Capítulo 60. Sophía confiesa
El aire en la habitación de Sophia se sentía pesado, cargado con el aroma metálico de la lluvia que golpeaba los ventanales y el rastro amargo de un té que se había enfriado horas atrás. William se detuvo en el umbral, observando la silueta de su novia recortada contra la penumbra. Ella no se movía. Estaba sentada frente al tocador, pero no miraba su reflejo; miraba el vacío, con una rigidez que le erizó la piel.
William dejó las llaves sobre la cómoda y se acercó lentamente. El silencio en el