Capítulo 52. La anatomía de un fantasma
El mundo de Sophía se detuvo. El sonido de la orquesta dentro de la carpa se convirtió en un zumbido lejano, y el aire frío de Londres le quemó los pulmones como si hubiera tragado cristal molido. Frente a ella, la mujer que había llorado frente a una tumba vacía durante años la miraba con unos ojos que eran un reflejo exacto de los suyos.
—¿Mi madre? —la voz de Sophía fue un hilo de incredulidad—. Mi madre está muerta. Mi madre es ceniza y un nombre en una lápida de mármol. Tú… tú no puedes se