Capítulo 48. El Umbral de la Trampa
El pequeño apartamento que Florence compartía con Louis y Helen, sus dos mejores amigos y compañeros de cuarto, era un caos de laca para el cabello y perfume barato. Florence se miraba al espejo del pasillo, se puso un vestido de satén rojo que se ceñía a sus curvas y un escote que le quitaba el aliento cada vez que respiraba.
—¡Por favor, díganme que no me veo demasiado desesperada! —exclamó Florence, girando sobre sus talones—. ¡Mírenme, estoy temblando!
Louis, que estaba sentado en el sofá