Capítulo 11. El Peso de las Cenizas
Eleanor, apoyada contra la pared, con los hombros caídos y el cabello ocultándole el rostro, trataba de asimilar la humillación de haber sido llamada por otro nombre y la gloria de haber sentido su propia voluntad desintegrarse.
Julian se abrochó el pantalón con dedos torpes y, sin mirarla directamente, buscó la botella de whisky. Tomó un trago largo, un trago que parecía buscar limpiar el sabor de la traición de su boca.
—Deberías marcharte, Eleanor —dijo al fin. Su voz era una lija, desprovis