Un Horacio apasionado, ardiente, voraz, intensamente voraz por primera vez, Aida llegaba al clímax en ese instante, él le seguía aferrándose a su cuerpo, por segundos veía los ojos de su amada Aida, y luego aquellos profundos ojos que la miraban con extremo placer mientras susurraba palabras que le hacían perder la cordura y la razón.
-Horacio, no deberías detenerte…esta noche es toda nuestra-.
-La noche es toda nuestra cariño-.
Aida se aferraba a su cuerpo, se sentía renovada, pero inquieta, a