Marla alzó su vista, mientras todos la observaban.
-Oh…yo menos, mis consejos son siempre fatalistas-. Soltaba una sonora risa, Robinson atinaba a decir que no eran chicos, eran adultos.
-Eso es cariño, te imaginas algún lio de faldas, pasiones por el pasillo de las oficinas, nuestra hija con un amante fortuito, Horacio con una bella seductora secretaria en brazos, jajaja, claro, pero eso no pasa porque nuestros chicos les hace falta malicia-.
Todos le miraron en aquel instante con rostros de