CAPÍTULO 34. TOMA MI MANO
Él levantó el rostro y entonces lo vi, Sus ojos, el verde aceituna… desapareció por un instante.
Se transformó en un verde esmeralda intenso, brillante, casi irreal, solo fue un segundo, pero fue suficiente. ¿Qué… significa eso? No tuve tiempo de procesarlo.
Su mirada volvió a fijarse en mí, más oscura… más provocativa.
—Te dije que tenías prohibido relacionarte con ningún macho dentro de mi manada —dijo con tono contenido.
Su mano subió a mi rostro, tomando mi barbilla con firmeza, obligándome