CAPÍTULO 58. ASTRID
Muchas… gracias.
Su voz se quebró al pronunciar aquellas palabras.
Al instante siguiente se abalanzó sobre mí y me rodeó con los brazos, su cálido abrazo me tomó por sorpresa y sentí cómo algo se acomodaba dentro de mi pecho, una sensación desconocida, intensa… una plenitud que jamás había experimentado.
Por un momento todo el ruido a nuestro alrededor desapareció. Solo existía ella.
Sin pensarlo, llevé mi mano libre hasta su cabeza y acaricié lentamente su cabello. Era tan suave que resultaba