El murmullo de la multitud parecía apagarse a medida que Thomas avanzaba entre la gente. Sophia lo vio acercarse con pasos firmes, las manos crispadas a los costados y la mandíbula apretada. Su ceño fruncido y el enrojecimiento de su rostro eran una señal clara de que ya lo sabía.
Su peor temor se estaba haciendo realidad.
Apenas unos segundos antes, su mente buscaba excusas, formas de suavizar el golpe, pero ahora que Thomas estaba frente a ella, todo se borró.
—Dime que es una broma —fue lo p