El cursor parpadeaba como un corazón que no sabía si debía seguir latiendo.
Un pequeño latido de luz en medio del silencio. Un gesto mecánico que no devolvía respuestas.
Sophia lo miraba con la boca apretada y los ojos vidriosos, como si su mirada pudiera tocar alguna fibra oculta en el otro lado del mundo. Como si esa pantalla pudiera devolverle una mano, una voz, una señal que la nombrara.
Nada.
La bandeja de entrada seguía vacía.
Apoyó los codos en la mesa y hundió el rostro entre las manos.