El Centro de Detención Federal de Miami no estaba diseñado para la comodidad, pero para hombres como Alexander Blackwood, existía una jerarquía invisible incluso dentro de los muros de hormigón. Su celda, ubicada en el ala de "seguridad especial" reservada para delitos de cuello blanco y perfiles de alto riesgo, era un cubículo estéril de tres por dos metros. No había lujos, solo la brutal simplicidad del encierro.
Alexander estaba sentado en el borde de su camastro, mirando una mancha de humed