La mañana en Miami Beach amaneció con un sol traicionero, demasiado brillante para la oscuridad que sentían. La sala de control temporal, una suite de lujo transformada en cuartel general, olía a café frío y a miedo. Habían trabajado toda la noche, desentrañando las capas de código y las transacciones de Julian, pero la verdadera bomba había caído justo antes del amanecer, cortesía de un contacto de Leo que había accedido a los registros médicos cifrados en Ginebra.
Elisa Reed: Esposa, enferma