La sala privada número tres era distinta a las demás.
Luces cálidas, cortinas de terciopelo gris perla, un diván amplio de cuero negro al centro, un pequeño escenario portátil con tubo y un sistema de sonido envolvente que convertía cualquier melodía en un susurro al oído.
Lilith lo notó al entrar.
Ya estaba montado su tubo portátil, por orden expresa de Elvira. Nadie más que ella lo usaba. Nadie más sabía convertirlo en extensión de su cuerpo.
Rodrigo Harper la esperaba sentado, con una copa d