Me acerco a la cama y coloco la bandeja en la mesita de noche. David se despierta lentamente, estirando su cuerpo y abriendo los ojos. Me mira con una sonrisa adormilada y luego se fija en la bandeja.
—¿Tú lo hiciste?— pregunta con una sonrisa más amplia.
—Sí, pensé que te gustaría— le respondo, sentándome en la cama a su lado.
David se sienta y toma un bocado de los huevos revueltos.
—Mmm, esto es delicioso— dice, cerrando los ojos para saborear el sabor. Me siento feliz de haber podido