53. Muchas cosas en la cabeza
El aire se condensó de una manera que se convirtió en un tornado. Magnético, de esos que te jalan con la mirada. Él pareció sentirlo; movió la cabeza hacia mi posición y, al verme, se notó ligeramente sorprendido. Lo observé terminar de ayudar a la mujer de antes y, tras ello, caminó hacia mí.
No tenía la típica aura imponente de Dante que reclamaba todo el aire; no, la de él era más calmada. Llegó a mi posición, mostró la sonrisa más serena y encantadora posible y, tras eso, dijo con calma:
—Lo