41. No lo hago por él
Entre los tres se había formado una nube donde no se podía respirar. La electricidad tóxica entre los dos hombres era más que suficiente para decir que era el arquetipo de dos machos alfa. Dante, sin necesidad de mover un dedo, imponía presencia; Nickolas, que usualmente era calmado, levantó su pecho. Dedicó una de esas sonrisas donde sabes que puede jugar su juego.
—Señor Ferrari, usted tiene entendido que no es muy saludable evitarle a las mujeres hacer lo que quieren, ¿no?
Un ligero disparo q