12. Ya he tomado una decisión
Los latidos de mi corazón eran similares a un tambor de guerra.
Mi pequeño, aun sujetándome de la mano, miró curioso todo a su alrededor. Entró conmigo a la sala donde ya habían acomodado a Dante en su lugar con sus abogados. Edward, sin comprender la magnitud de lo que pasaba, se acercó a su padre al soltarme, abrazándolo.
—¡Papi! —gritó de manera jovial buscando sus brazos.
—Hola, piccolo(pequeño) —lo abrazaba mientras se movía de la silla—. ¿Cómo estás?
—Bien ahora que te veo —se acurrucó en