Cada parte del cuerpo de Livana temblaba de tensión por lo que pasaría.
Sin embargo, antes de que pudiera tranquilizarse después de entrar a la sala imperial del Ayax Alfa, este clavó sus ojos depredadores en ella observando su exquisito cuerpo con aquel vestido casi transparente que se amoldaba a sus curvas como una segunda piel.
—Pueden retirarse.
Su voz aunque dominante era letalmente suave.
Lo que lo hacía más peligroso.
El corazón de la Thalassi saltó al verse sola siendo devorada por sus