Después de que la había hecho suya, no había salido de la habitación como siempre hacía.
Contrario a eso, Valerio se había acostado a su lado abrazándola por la cintura.
Cosa que resultaba demasiado íntima para Livana.
No sabía qué estaba pasando, sin embargo, tenía que admitir que tenerlo así, secretamente, la hacía sentir tan bien.
Se mordió el labio inferior mirando el techo de la habitación en silencio, mientras sentía cada respiración del macho a su lado.
Sabía que él no estaba dormido