—¿Puedes sentir a tu lobo?
El sol está saliendo —preguntó Isadora curiosa.
Livana negó con la cabeza algo frustrada.
Si bien podía sentir los rayos del sol tocando su piel como una caricia, no sentía aún a su lobo interior.
Sabía que las Arionas no tenían tanta conexión con sus lobas por la maldición que llevaban pero tenía entendido que sí podían escuchar el susurro interior.
Liv se mordió el labio inferior antes de suspirar derrotada.
—No va a cambiar nada.
Soy Ariona.
—Pero eres la Thalassi