Narrado por Fatima:
Dana, mi querida abuela.
Corro hacia ella sin pensarlo. Mis pies se mueven antes de que mi mente lo procese. Dana está de pie junto a la camioneta, con ese rostro que siempre me ha dado paz. Y cuando la abrazo, cuando me hundo en sus brazos, no puedo evitar llorar. Lloro como no he llorado en días. Como no he llorado en años.
—Abuela… —susurro, con la voz rota.
No espera verla aquí. No es seguro que esté aquí. Pero en este momento, es lo que menos importa.
Ella me sostien